¿Quién dice que en el Perú no hay lugares bonitos? O ¿Qué sólo Machupicchu es una gran maravilla? Pues señores se equivocaron, porque si no conocen Marcahuasi no saben lo que es sentir la adrenalina al 95%, sentir la naturaleza al alcancé no sólo de tus manos, sino de tus oídos y tus ojos y por supuesto sufrir un poco con lo accidentado de la ruta, el dolor de cabeza, las nauseas y falta de oxigeno causado por el soroche. Y es que así es nuestro maravilloso Perú, con tantas diversidades de climas, costumbres y hermosos paisajes a pocas horas del lugar donde vivimos.
El día que teníamos que partir me levanté muy temprano, estaba tan contento y emocionado que no veía las horas de estar en la meseta. Llegué a la universidad a las 7:30am y recuerdo que ya había un gran número de amigos que estaban reunidos en la puerta de la universidad. Al primero que saludé fue al profesor Cárdenas, quien estaba con buzo y un gran equipaje siempre con su buen sentido de humor que amenizó la mañana.
Hasta que dieron las 8:00am momento de iniciar nuestro paseo, me senté al costado de Julio, recuerdo que él estaba tan nervioso que creo que le dio el soroche desde que partimos. En el ómnibus fuimos todos conversando hasta que terminamos de pasar por Santa Eulalia y comenzamos San Pedro de Casta, ya habían transcurrido como dos horas, recuerdo ver esos hermosos paisajes y a la vez sentirme como estar volando en un avión por los profundos precipicios y lo angosto que era el camino de tierra y ver a mis compañeros gritar en cada curva cerrada por la que pasábamos.
Poco a poco veíamos como ascendíamos por los cerros, sentíamos la altura al taparse nuestros oídos y sentíamos el aire más puro y liviano. El radiante nos acompaño en todo momento, era como nuestro guía mudo en nuestro recorrido. Recuerdo que casi en todo el camino miraba la camioneta del Decano quien nos acompañaba en caravana detrás de nosotros, que afortunados los que lo acompañaron porque debe ser más emocionante viajar por esos caminos en una 4x4.
Llegamos a la plaza de armas de San Pedro de Casta como a las 2:00pm, en la provincia de Huarochirí, en Lima y recuerdo que lo primero que pregunté fue ¿A qué altura nos encontramos? y un poblador me dijo que a 4000 m.s.n.m. Este pueblo es pequeño pero su gente es muy agradable. Al llegar nos recibieron el alcalde y su plana directiva y posteriormente los pobladores que se acercaban a conversar con nosotros. Algunos de mis compañeros comieron algo ¡grave error!, la verdad es que yo, para evitarme problemas mas tarde en la subida a Marcahuasi preferí no comer absolutamente nada.
La subida a la meseta duró una hora y media a caballo, recuerdo haber hecho carrera con Martín en casi todo el camino y créanme que le gané. Hasta incluso me hice amigo del dueño del caballo que se llamaba Raúl, quien me contaba que todo los años en el mes de Agosto hacía una competencia ecuestre subiendo el camino de Trocha y empinado hacia Marcahuasi. Pero no todos subieron a caballo, uno de mis compañeros prefirió ir caminando, me percaté que llegó después de tres horas y muy cansado.
Al llegar a la meseta acampamos en el “Anfiteatro” que es un lugar acústico rodeado de piedras enormes con formas caprichosas y con una ligera vegetación especial de altura, pues estábamos como a 4.200 m.s.n.m. El clima que nos recibió era agradable recuerdo haber armado mi carpa con un intenso calor y un enorme apetito. Todos nos pusimos alrededor de un círculo, se nos veía muy contentos a todos. Pero no todo era color de rosa, pues los compañeros que comieron ya estaban sintiendo el efecto del soroche y el profesor Cárdenas corría de un lado a otro con gravol y otro fármaco para aliviarlos.
Hasta que el atardecer nos sorprendió y todos corrimos a buscar la parte más alta para poder realizar algunas fotos aprovechando la luz del sunset y de paso hacer un pequeño recorrido por ahí. Al regresar al campamento ya era de noche y el frío ya marcaba su presencia, así que decidimos hacer una fogata y un pequeño compartir.
Lo bueno llegó al rato cuando el frío se esmeró y nadie pudo dormir en toda la noche. En mi caso yo sentía bloques de hielo en cada uno de mis pies. Cada hora me ponía algo encima, creo que me refugié hasta en mi mochila. Esa noche fue demasiado larga, recuerdo a muchos que se sentía mal como Julio y salían de sus carpas buscando una pastilla y de pronto el grito del decano muy enojado pidiéndoles que vuelvan a sus carpas porque se exponían a una neumonía. Ya cuando por fin agarré un ligero sueño sentí otra vez los gritos del decano levantándonos a las cinco y media de la mañana, para ver el amanecer que por cierto fue muy hermoso y aprovechamos en hacer unas tomas fotográficas.
Nuestro guía se llamaba Manuel y fue él junto al investigador peruano Daniel Ruzo quienes descubrieron esta meseta de origen volcánico sobre una alta montaña. La verdad es que nuestro guía tenía un físico espectacular y una resistencia aerodinámica (joroba), pues el señor caminaba en 90º pero conocía muy bien el lugar a pesar de ser un anciano.
Después de observar el amanecer, recorrimos Marcahuasi y sus misterios. Vimos piedras en forma del perfil de una persona (El profeta) y (El escalador), una laguna llamada Huacracocha que era transparente y fría de un hermoso color celeste, el dolmen, las chulpas que eran pre- incas donde guardaban a sus muertos, la cabaña donde vivió el científico Ruzo, y el monumento a la humanidad donde se puede apreciar 7 caras en diferentes lados, todos ellos hechos con gigantescas piedras.
Posterior a eso recogimos nuestras cosas y bajamos hacía el pueblo, fue una caminata de casi 3 horas, pero valió la pena porque hice ejercicio. Al llegar al pueblo me comí un suculento plato de pollo frito con papa y arroz, ansioso por volver ya a Lima para ver a mi familia y darme un buen baño.
Este paseo fue emocionante, divertido y muy provecho pues aprendimos parte de nuestro país, costumbres y sentí el frió que nunca había sentido de 10º bajo cero. Espero volver pronto en la fiesta del agua con toda la promoción.
El día que teníamos que partir me levanté muy temprano, estaba tan contento y emocionado que no veía las horas de estar en la meseta. Llegué a la universidad a las 7:30am y recuerdo que ya había un gran número de amigos que estaban reunidos en la puerta de la universidad. Al primero que saludé fue al profesor Cárdenas, quien estaba con buzo y un gran equipaje siempre con su buen sentido de humor que amenizó la mañana.
Hasta que dieron las 8:00am momento de iniciar nuestro paseo, me senté al costado de Julio, recuerdo que él estaba tan nervioso que creo que le dio el soroche desde que partimos. En el ómnibus fuimos todos conversando hasta que terminamos de pasar por Santa Eulalia y comenzamos San Pedro de Casta, ya habían transcurrido como dos horas, recuerdo ver esos hermosos paisajes y a la vez sentirme como estar volando en un avión por los profundos precipicios y lo angosto que era el camino de tierra y ver a mis compañeros gritar en cada curva cerrada por la que pasábamos.
Poco a poco veíamos como ascendíamos por los cerros, sentíamos la altura al taparse nuestros oídos y sentíamos el aire más puro y liviano. El radiante nos acompaño en todo momento, era como nuestro guía mudo en nuestro recorrido. Recuerdo que casi en todo el camino miraba la camioneta del Decano quien nos acompañaba en caravana detrás de nosotros, que afortunados los que lo acompañaron porque debe ser más emocionante viajar por esos caminos en una 4x4.
Llegamos a la plaza de armas de San Pedro de Casta como a las 2:00pm, en la provincia de Huarochirí, en Lima y recuerdo que lo primero que pregunté fue ¿A qué altura nos encontramos? y un poblador me dijo que a 4000 m.s.n.m. Este pueblo es pequeño pero su gente es muy agradable. Al llegar nos recibieron el alcalde y su plana directiva y posteriormente los pobladores que se acercaban a conversar con nosotros. Algunos de mis compañeros comieron algo ¡grave error!, la verdad es que yo, para evitarme problemas mas tarde en la subida a Marcahuasi preferí no comer absolutamente nada.
La subida a la meseta duró una hora y media a caballo, recuerdo haber hecho carrera con Martín en casi todo el camino y créanme que le gané. Hasta incluso me hice amigo del dueño del caballo que se llamaba Raúl, quien me contaba que todo los años en el mes de Agosto hacía una competencia ecuestre subiendo el camino de Trocha y empinado hacia Marcahuasi. Pero no todos subieron a caballo, uno de mis compañeros prefirió ir caminando, me percaté que llegó después de tres horas y muy cansado.
Al llegar a la meseta acampamos en el “Anfiteatro” que es un lugar acústico rodeado de piedras enormes con formas caprichosas y con una ligera vegetación especial de altura, pues estábamos como a 4.200 m.s.n.m. El clima que nos recibió era agradable recuerdo haber armado mi carpa con un intenso calor y un enorme apetito. Todos nos pusimos alrededor de un círculo, se nos veía muy contentos a todos. Pero no todo era color de rosa, pues los compañeros que comieron ya estaban sintiendo el efecto del soroche y el profesor Cárdenas corría de un lado a otro con gravol y otro fármaco para aliviarlos.
Hasta que el atardecer nos sorprendió y todos corrimos a buscar la parte más alta para poder realizar algunas fotos aprovechando la luz del sunset y de paso hacer un pequeño recorrido por ahí. Al regresar al campamento ya era de noche y el frío ya marcaba su presencia, así que decidimos hacer una fogata y un pequeño compartir.
Lo bueno llegó al rato cuando el frío se esmeró y nadie pudo dormir en toda la noche. En mi caso yo sentía bloques de hielo en cada uno de mis pies. Cada hora me ponía algo encima, creo que me refugié hasta en mi mochila. Esa noche fue demasiado larga, recuerdo a muchos que se sentía mal como Julio y salían de sus carpas buscando una pastilla y de pronto el grito del decano muy enojado pidiéndoles que vuelvan a sus carpas porque se exponían a una neumonía. Ya cuando por fin agarré un ligero sueño sentí otra vez los gritos del decano levantándonos a las cinco y media de la mañana, para ver el amanecer que por cierto fue muy hermoso y aprovechamos en hacer unas tomas fotográficas.
Nuestro guía se llamaba Manuel y fue él junto al investigador peruano Daniel Ruzo quienes descubrieron esta meseta de origen volcánico sobre una alta montaña. La verdad es que nuestro guía tenía un físico espectacular y una resistencia aerodinámica (joroba), pues el señor caminaba en 90º pero conocía muy bien el lugar a pesar de ser un anciano.
Después de observar el amanecer, recorrimos Marcahuasi y sus misterios. Vimos piedras en forma del perfil de una persona (El profeta) y (El escalador), una laguna llamada Huacracocha que era transparente y fría de un hermoso color celeste, el dolmen, las chulpas que eran pre- incas donde guardaban a sus muertos, la cabaña donde vivió el científico Ruzo, y el monumento a la humanidad donde se puede apreciar 7 caras en diferentes lados, todos ellos hechos con gigantescas piedras.
Posterior a eso recogimos nuestras cosas y bajamos hacía el pueblo, fue una caminata de casi 3 horas, pero valió la pena porque hice ejercicio. Al llegar al pueblo me comí un suculento plato de pollo frito con papa y arroz, ansioso por volver ya a Lima para ver a mi familia y darme un buen baño.
Este paseo fue emocionante, divertido y muy provecho pues aprendimos parte de nuestro país, costumbres y sentí el frió que nunca había sentido de 10º bajo cero. Espero volver pronto en la fiesta del agua con toda la promoción.
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