Por: Guillermo Ayllón Solís. “Yo la quiero mucho… nos amamos”. Al mismo estilo del barrunto provincial, Diomedes Donayre Salas, abolla a su esposa por ley, tres veces por semana y sin piedad. Su jerma, Guadalupe Quispe Pérez, al parecer le gusta el golpe. Además, ni la trampa los separa.
Fueron cinco denuncias en la comisaría de la Victoria, las mismas que ha ésta bestia lo llevaron a la cana, pero luego en un acto de pena y soledad, Quispe Pérez retira la denuncia y todo queda en nada.
El comisario victoriano junto con los vecinos de la cuadra 8 de Abtao, no se pierden la función semanal –rutinario-, que a las pocas horas termina en un amor consumado momentáneamente.
Guadalupe, es una mujer muy nerviosa y nunca ha faltado a su esposo, pero… su media naranja entre copa y copa, sueña con que su mujer le está sacando los pies del plato y a parte de demostrar su amor, le cae palo por estos motivos. Al finalizar de gomearla, lleno de temor, huye a la casa de mamá en Barrios altos.
“El hombre más celoso del Perú”, trabaja como camionero trayendo frutas desde Tingo María y al mismo bobo Huancaíno, se rompe el lomo trabajando día a día, a veces, por periodos de 5 días seguidos. Es tan celoso que no deja que su mujer salga en minifalda ni que baile con otra persona en las pocas fiestas que van.
Pero lo que Guadalupe no sabe es que este desgraciado, tiene una trampa conjuntamente con tres chamacos menores de edad y lo asombroso es que ha Francisca –la trampa- nunca la gomiaron.
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