
Por: Guillermo Ayllón Solís. Danzando entre el bien y el mal. ¿Quién no ha visto alguna vez a los danzaq? Usted se preguntará que es eso, pues… nada más y nada menos que el arte de danza con tijeras. Para muchos es un baile de adoraciones paganas, para otros es un arte oscuro y para es resto que los han visto danzar, un atractivo baile turístico-patronal oriundo del Perú.
Estos protagonistas del baile del danzar con tijeras, están llenos de vida, alegría y conocimiento. Difunden su arte y cultura por todas las fiestas de las comunidades de los Andes y por todo el mundo. Dicho sea de paso, en Lima, hay un centro turístico donde se pueden observar a estos artistas divirtiéndose.
Son muy flexibles y es increíble como de un ritmo tan fácil, estos seguidores saltan por todos lados acompañados de un violín y otros instrumentos más, llevando el ritmo con sus tijeras. Es muy agradable verlos y escuchar su maravillosa música.
Como dice un dicho nuestro, “Del Perú, sus costumbres”. Estos bailarines, son caracterizados por los colores rojo, blanco, amarillo y el negro. Cada uno con un significado diferente que representan sus costumbres.
Rinden homenaje, haciéndolas sonar en cada salto y giro, a la Pachamama (madre tierra), los Apus y Wamanis (montañas sagradas), el Tayta Inti (Dios Sol) y la hatun qocha (mares y ríos).
“Después de haber obtenido el conocimiento para entender el lenguaje del viento que baja de la montaña, saber por qué nos llega la muerte, leer la hoja de coca y cómo rendirle culto a Dios, vamos a una cueva donde el anciano deja unas tijeras”, explicó
Juan Tipa Yuc, un “danzaq” andino, originario de Ayacucho.
Un danzante de tijeras es considerado un protector de su comunidad y recibe el apoyo de los Waminis (espíritus de las montañas). Algunos los consideran brujos, otros como adoradores del diablo, pero el público aún así aplaude y goza con su fiebre.
La iglesia católica ha satanizado a estos seguidores andinos e incluso piden a la población que no se les acerquen “porque nos consideran demonios”. Aún así, como el caso de Juan Tipa Yuc que cobra unos 50 dólares por cada presentación, vive de este negocio que es su pasión.
José María Arguedas, hace cuatro décadas, dio la denominación de Danzante de Tijeras, luego de que viera cómo estos realizaban magistrales giros y danzaban haciendo sonar las tijeras.
La denominación de “danzaq” de Ayacucho varía en Huancavelica donde son llamados “Galas”; en Apurímac “Sajras”; “Huanaquillos, en la región de Cotahuasi y “Villanos” en la zona de la Unión en el departamento de Arequipa.
Antiguamente los pioneros de esta corriente, hacían sus danzas con piedras alargadas que al ser chocadas emitían un sonido fino, luego se hicieron acompañar del arpa y el violín.
Lo extraños es que siendo para algunos un baile pagano, mediante la danza se realizan competencia entre diversas comunidades y pueblos cuando los comuneros hacen su adoración a la Virgen de la Natividad, Niño Lachocc, Niño Nativo y Niño Manuelito.
Esta danza se divide en dos partes en una fiesta costumbrista: La “Atipanacuy” (baile mayor) y la Qolla Alva (Para cerrar con broche de oro en las noches).
Rómulo Huamaní Jamampa, un joven seguidor de estas danzas, se inició a los ocho años de edad, luego de que un danzante no acudiera a un contrato hecho por su padre. El padre de Rómulo era un ”Carguyoc”, responsable de la “Fiesta del agua” que se realiza en septiembre en San Antonio pero el danzante nunca llegó y generó el repudio del pueblo. Desde entonces, -hace más de tres décadas- Rómulo danza para que su familia no pasara vergüenza.
“Tuve que vivir en la casa del maestro donde todas las tardes me hacía ensayar acompañado de un arpa y un violín”, recuerda.
Allí aprendió todas los secretos de la danza y supo que una fiesta patronal andina está dividida en víspera, antealba, día alba, doce alba, ricuy-ricuy, que es la despedida, y el despacho. Aprendió las 144 tonadas en la zona de Ayacucho y 300 pasos y con ello se lanzó a conquistar el mundo que lo han llevado a viajar a unas 90 ciudades del mundo.
Es así como nuestra cultura se difundió por todo le mundo y por supuesto, en el Perú. De esa manera, hay extranjeros que pagan con muy buen dinero estas fiestas tan sólo por verlos por unos días o por ser padrinos de estas, mientras que algunos enemigos de estas celebraciones generan opiniones que pueden traer malas resultados a nuestra cultura. Adelante Rómulo, Juan y todos lo que realizan estos bailes… ¡Hay muchas culturas por rebanar!
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